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martes, 26 de julio de 2011

VARÓN Y MUJER: UNA UNIDAD SUPERIOR


Se podrá objetar que si el ser humano ha sido creado varón y mujer, entonces la plenitud humana no está solo en el varón o solo en la mujer. Es decir, que el varón por sí solo no puede alcanzar su plenitud de ser humano sin la mujer y viceversa. Así lo piensa Soloviev afirmando: «Es evidente que el hombre auténtico, en la plenitud de su personalidad ideal, no puede ser solo macho o solo hembra, sino que debe construir la unidad superior de uno y otra». Pero para poder alcanzar esto es nesario que la naturaleza humana sea reconducida a su propia integridad. Y eso solo puede hacerlo Dios. Aquí Soloviev está simplemente constatando la realidad del pecado original que ha introducido en las relaciones entre varón y mujer una situación que hace imposible el alcanzar aquella plenitud del origen y que precisa de una reintegración del plan original divino.

Podría decirse que esto son palabras bonitas, un ideal irrealizable. El mismo Soloviev lo ha advertido anteriormente cuando dice: «El sentimiento exige esta plenitud de unión, íntima y definitiva, pero normalmente no consigue llegar más allá de una exigencia y una tendencia subjetiva, y se revela así como algo simplemente precario. De hecho, en vez de la poesía de una unión eterna y central, se tiene solo un acercamiento superficial, más o menos duradero pero siempre temporal, más o menos estrecho pero siempre exterior, de dos seres cerrados en los angostos límites de la prosa cotidiana». Pero a pesar de constatar con realismo que el ideal no se logra alcanzar, lo que Soloviev plantea es que tal ideal no es irrealizable. El problema estriba en cómo realizarlo. 

lunes, 20 de junio de 2011

SACRIFICAR EL EGOÍSMO


Afirma Soloviev que «el significado del amor humano en general es la justificación y la salvación de la individualidad a través del sacrificio del egoísmo». Y considera que el amor sexual es el amor por excelencia, el prototipo y el ideal de cualquier otro amor.

Ahora bien, sobre este punto, yo haría alguna matización. Desde luego no en la dirección de restarle valor e importancia al amor sexual, sino en el sentido de intentar clarificar lo que, en mi opinión, quiere decir Soloviev y que se puede presentar a confusión. Para Soloviev, que al decir esto alude al Cantar de los Cantares y al Apocalipsis, está claro que no se refiere sin más a un amor sexual entendido como mera relación erótica. Cabría entender mejor lo que desea afirmar Soloviev si lo entendieramos con la expresión “amor esponsal”. Si, como dice Soloviev, no es una casualidad que las relaciones sexuales se llamen amor, tampoco es casualidad que en la Sagrada Escritura el verbo que se emplea para expresar la unión conyugal sea el de “conocer”. Y así se afirma que : «Y conoció Adán a su esposa Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín» (Gen 4, 1). Igualmente a eso mismo se refiere María en la Anunciación cuando se le dice que va a concebir un Hijo: «Cómo será eso pues no conozco a varón». Es interesante y muy significativo que la unión esponsal y más en concreto el acto conyugal se expresen como conocer que es un acto intelectual. Teniendo esto presente se puede afirmar con Soloviev que el amor sexual, entendido como el acto conyugal de los esposos es el prototipo y el ideal de cualquier otro amor. Pero podemos matizar que esto es así porque la persona es corporal y diferenciada sexualmente de modo que están orientados el varón a la mujer y viceversa, de modo que el varón se reconoce en cuanto tal al conocer a la mujer y la mujer se reconoce como tal al conocer al varón. Ambos están orientados al conocimiento del otro a través de todo cuanto son, también en su ser corporal, pues son complementarios y están hechos el uno para el otro.